Puerta a puerta new age de Mauricio Macri

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El puerta a puerta vuelve a estar de moda en la época en la que estar “cerca de la gente” es el primer mandamiento de la política contemporánea.

La pareja camina tranquila bajo el sol de un frío sábado de agosto. Están sonrientes y llevan bajo el brazo una bolsa de coquitos que acaban de comprar en una panadería del barrio. Se acercan a una casa, el hombre posa su mano sobre un viejo timbre y toca. Segundos después, un anciano mira detrás de la puerta entreabierta y sorprendido enfila hacia la reja para abrirles. El perro de la casa no ha parado de ladrar, pero a la pareja parece no darle miedo. Están acostumbrados. Mientras estrecha la mano del vecino, el hombre mira a la mascota y comenta “Este es malo nomás”.

El dúo en cuestión no es miembro de los Testigos de Jehová, ni está vendiendo una suscripción a una colección de enciclopedias. Son el presidente de la Nación, Mauricio Macri, y María Eugenia Vidal, gobernadora de la provincia más importante de Argentina. Ellos fueron parte del contingente de ministros, intendentes, legisladores y funcionarios que estuvieron visitando a los vecinos en el marco de los nueve Timbreos Nacionales que llevo adelante el gobierno de Cambiemos a lo largo de su primer año de gestión.

Como marca su impronta, el equipo de comunicación de cambiemos no deja pasar ningún detalle en la planificación de las salidas. Fotografías, discursos y como responder ante preguntas complicadas están previstas en un manual que el partido entrega a los funcionarios y militantes días antes de cada salida a terreno.

Aunque el PRO ha sido calificado –por propios y ajenos– como el “primer partido del Siglo XXI” que llega al poder en el mundo, lo cierto es que el puerta a puerta es una actividad tan vieja como la política misma. No obstante, está claro que en la época del dominio de las redes sociales, esta técnica se ha revalorizado y hoy vuelve a estar de moda entre la clase política argentina.

¿POR QUE?

En primer lugar, parece que caminar y estar cerca de la gente es el primer mandamiento de la política contemporánea. Estamos insertos en lo que la investigadora Rocío Annunziata llama la “legitimidad de proximidad”. Las democracias contemporáneas están atravesando por múltiples transformaciones: los partidos políticos se fragmentan y muchas de sus funciones tradicionales declinan, la personalización y la mediatización de la política adquiere un rol central y las formas de expresión ciudadana se multiplican y diversifican. La clase política es rechazada y mirada con desconfianza. Los ciudadanos esperan un político más cercano y que “escuche” sus demandas. Por eso, para los dirigentes “estar cerca de la gente” es el camino para ser más democráticamente legítimos. La clave es mostrarse alejado de cualquier expresión política tradicional y ser “uno más de nosotros”, alguien que no tiene un saber experto pero que actúa y toma decisiones “escuchando a los vecinos”. “Los estamos escuchando porque ustedes son muy importantes”, “Preparando mates con Graciana que vive en Barrio Federal” y “Ahora escuchando a Marta en su casa en Villa Adelina” fueron algunas de las frases que se repetían por cientos en las redes sociales de los dirigentes.

En segundo lugar, los partidos políticos están aprendiendo que ya no basta con hacer campaña cada cuatro años para después desaparecer. Debido a la mayor presión ciudadana que hay sobre la política, hay una tendencia creciente en los espacios que llegan al poder a crear estructuras para conservar y mantener en el candelero a una porción importante de los ciudadanos (militantes o no) que los apoyaron durante el proceso electoral. Con esas plataformas, se intenta romper con la vieja dinámica mediante la cual, una vez finalizada la campaña, quienes habían colaborado con el candidato quedan “abandonados” hasta que se los necesite en la próxima contienda. La proliferación de medios de comunicación y la masificación en el uso de las redes sociales crean un escenario propicio para que los ciudadanos puedan seguir colaborando con causas puntuales que el Gobierno quiere impulsar.

Ejemplos de este tipo hay variados por el mundo. En Estados Unidos, el Partido Demócrata lanzó, meses después de la elección que eligió a Barack Obama como presidente, la agrupación Organizing for America para intentar mantener activos a los movimientos de base que habían ayudado a llegar al poder al primer mandatario. En 2012, y tras haber sido reelecto, el partido entendió que no podía perder tanto tiempo y, dos semanas después de la victoria, todos los voluntarios recibieron un correo electrónico donde se los invitaba a participar en The Action, una nueva plataforma creada para movilizar masa crítica en favor del programa de gobierno del Presidente. En Francia, el Partido Socialista Francés lanzó, seis meses después de la victoria de François Hollande, la plataforma Voulu le 6 mai (querido el 6 de mayo), fecha que hacía referencia al día de la consagración del actual presidente galo. La idea es presionar a las posibles restricciones institucionales mediante la movilización ciudadana y mantener informados a los simpatizantes para que puedan diseminar el mensaje de la administración. Como apunta el consultor catalán, Xabier Peytibi, este tipo de iniciativas son una excelente manera de conservar las relaciones adquiridas durante la campaña, de aprovechar y ampliar los datos recabados y, sobre todo, de seguir manteniendo a la gente activada para hacer campaña permanente.

Por último, tomar la calle crea percepción de fuerza, apoyo ciudadano y visibilidad del partido y sus dirigentes. Además, esas imágenes que generan son material que alimenta las redes sociales y que llaman también la atención de los medios de comunicación creando una difusión por todos los canales. Son acciones offline que tienen fuerte repercusión online.

Lo cierto es que el PRO ha podido dar un giro New Age al puerta a puerta y promete seguir caminando los barrios del país una vez por mes. Ni el pastor Giménez le hubiera tenido tanta fe al contacto con la gente.