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La importancia de comunicar bien desde el hemiciclo parlamentario

Este año, Andrea Levy, Diputada del Partido Popular, se vio envuelta en una polémica cuando fue sorprendida por las cámaras del recinto del  Parlamento de Cataluña recostada, mascando chicle con la boca abierta y haciendo gestos mientras se debatía la investidura de Artur Mas. Si bien la legisladora hizo su descargo sobre lo ocurrido, no se salvó de las críticas de la prensa, sus pares y de las burlas en las redes sociales.

El caso de la diputada Levy pone en escena dos cuestiones importantes de la comunicación parlamentaria: la necesidad que tienen los legisladores de cuidar al detalle su comunicación dentro del recinto de sesiones y la tendencia de la prensa a cubrir de una manera superficial las actividades del parlamento.

A pesar de lo que se cree, los legisladores cumplen muchas funciones y llevan adelante su tarea en una variedad de escenarios (oficina, comisiones, bloque, distrito, entre otros). Sin embargo, su trabajo en el recinto de sesiones es el lugar donde concitan mayor atención de la prensa, y por lo tanto, el espacio donde los ciudadanos reciben mayores noticias de su actuación. Más aun, probablemente, el recinto es, para la mayoría de los ciudadanos, el único lugar donde ven “trabajar” a los legisladores y ello refuerza aun más la importancia de que cada parlamentario cuide al máximo cada detalle, cada gesto y cada actitud para no ser sorprendido por las siempre atentas cámaras de la prensa.

El caso de Levy, lejos de ser aislado, es una tendencia en la cobertura de la actividad de los diputados por parte de los medios de comunicación, siempre dispuestos a cubrir mejor situaciones escandalosas y superficiales que debates de fondo en el tratamiento de las leyes. En Chile, el diputado Gabriel Boric, perteneciente a la bancada juvenil que ingreso hace unos años al Congreso, tuvo una polémica con el diario El Mercurio por la publicación de una foto donde se lo veía en una actitud relajada en el hemiciclo parlamentario.

La nota, incluso, mereció una respuesta directa del diputado en la prensa y una campaña de apoyo de sus seguidores, molestos por lo que consideraban una persecución del diario por su condición de dirigente juvenil. Boric  ya había sido noticia en los medios por no vestir de traje y corbata durante las sesiones.

En Brasil, el Diputado Joao Rodrigues (PSD-SC) fue sorprendido por las cámaras de televisión viendo porno en su teléfono móvil durante una sesión en el Parlamento brasileño. El vídeo quedo inmortalizado en las redes sociales.

En California, el diputado republicano Michael Duvall, fue sorprendido por un micrófono abierto contando sus aventuras sexuales en una reunión de comisión. El descuido no solo le costó la renuncia, sino un problema familiar, ya que Duvall era casado y tiene dos hijos.

Este tipo de noticias forman parte de una marcada tendencia de la prensa tradicional a cubrir aspectos superficiales del trabajo parlamentario. El consultor Jaime Duran Barba apuntaba ya hace diez años que en América Latina existe una tendencia a acrecentar el desprestigio de los congresos, enfatizando su poca credibilidad y su imagen negativa en la población. Si los congresistas no son, en general, personajes populares para la población, se debe en parte a la acción de la prensa que con frecuencia pone al descubierto los aspectos negativos de los parlamentos y que en general tiende a informar de manera un tanto sensacionalista sobre lo que ocurre en la Cámara. La mala imagen que tienen los congresos predispone al elector a esperar de la prensa una crítica al trabajo legislativo. Esta situación se ve agudizada por la mala relación que tiene la sociedad con la clase política que impone a los medios de comunicación una presión extra para enfocar la cobertura periodística del poder legislativo sobre las malas noticias y no sobre las buenas. Cuando el Congreso comunica el debate y tratamiento de leyes de un país, la noticia duerme a los televidentes. En cambio, el interés se despierta por otro tipo de situaciones como tomas sangrientas de los diputados peleándose a trompadas o el pintoresco affaire de un diputado con su secretaria.

En conclusión,  el Poder Legislativo esta  en un círculo vicioso del que es muy difícil salir. Como apunta Duran Barba: “Mientras los Congresos tengan tan mala imagen, habrá mayor disposición de los medios y de sus usuarios a ver y oír malas noticias. Mientras más malas noticias se difundan, más difícil será recuperar la buena imagen del Congreso”.