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Cinco dificultades del congreso para comunicarse con los cuidadanos

 

El Poder Legislativo es una de las instituciones más golpeadas por la crisis de identificación y representación que atraviesa la política. La sociedad, cada vez más apática con los asuntos públicos ve en los Congresos la imagen más nítida de la desconexión entre sus demandas y las respuestas de la clase política. Esta crisis de legitimidad y reputación de los parlamentos no es patrimonio exclusivo de un país o región sino una imagen repetida alrededor del mundo.

A pesar de estas dificultades, el papel del Poder Legislativo es hoy más vital que nunca. Los Congresos siguen siendo la institución fundamental que para reunir y expresar los intereses de toda una Nación. Además, hay funciones específicas que solo los parlamentos pueden desempeñar, como elaborar y revocar leyes y exigirle al gobierno que rinda cuentas.

Más allá de las falencias en el funcionamiento, administración y rol político que tiene el Congreso, esta entrada esboza cuáles son las dificultades que tiene para comunicar su actividad en un ecosistema mediático que no favorece la cobertura profunda de los asuntos públicos.

  1. La falta de una figura central dificulta la cobertura mediática. En una época marcada por la mediatización y personalización de la política el Congreso no tiene una figura principal para comunicarse con la ciudadanía. Pese a tener autoridades, el legislativo es un poder colegiado y se vuelve poco atractivo para los medios mucho más propensos a cubrir personalidades.
  1. Los procesos de debate no le interesan a los medios ni al público. Para Roberto Izurieta, el hecho de que el Congreso se concentre mucho más en procesos que en resultados dificulta la capacidad de comunicar su actividad a la ciudadanía. Un proyecto de ley es un proceso muy largo y aún su resultado (la discusión final luego de muchos meses de debate en las comisiones) puede tomar días o semanas. Esos procesos no le interesan a los medios de comunicación ni al público. La sociedad moderna acostumbrada a resultados rápidos (con las comunicaciones e Internet) y hasta mágicos (debido al cine y la televisión) demanda precisamente eso: resultados mágicos y rápidos. Además, a esto se le suma que, en general, las leyes sancionadas tardan mucho tiempo en producir resultados concretos y palpables para una ciudadanía demasiado impaciente para el largo y tedioso proceso parlamentario.
  1. Una jerga alejada de la gente. Los Congresos deben luchar contra la percepción de la gente que los ve como enormes estructuras burocráticas, repletas de asesores, dilapidadoras de recursos y con un modus operandi donde todo ocurre puertas adentro y de modo ritual. Como apunta Lucio Guberman, la dinámica de las sesiones con debates largos e intervenciones cargadas de terminología técnica atenta contra el entendimiento de una ciudadanía acostumbrada poco o nada a ese tipo de léxico y proceso de actuación. Además, el hecho de que la mayor parte del trabajo de los legisladores se desarrolle en el recinto de sesiones, las comisiones, la oficina y el bloque parlamentario atenta contra la precepción de encierro de una ciudadanía que pide congresistas que estén en la calle.

  1. Una visión unidimensional de su trabajo. Como marca Miguel De Luca, la terea de los legisladores presenta múltiples facetas. Sin embargo, los medios de comunicación no suelen reflejarlas. En diarios, radios y la televisión prevalece un relato unidimensional de la tarea legislativa considerada simplemente como “fabrica de leyes”. La valoración sobre la tarea legislativa de parte los medios masivos se encuentra, de esta manera, atravesada por cuestiones como “cantidad de proyectos presentados” sin mencionar su tipo (Ley, Resolución, Declaración) calidad ni nivel de aprobación. Otro lugar común se basa en valorar la actuación del legislador sobre la base del “número de presencias en las sesiones plenarias y no sobre, por ejemplo, la asistencia y participación en las comisiones de asesoramiento, verdadero ámbito de trabajo donde se deciden las políticas públicas que salen del parlamento.
  1. El circulo vicioso. La mala imagen del Congreso predispone una cobertura superficial de la prensa. Jaime Duran Barba, apunta que en América Latina existe una tendencia a acrecentar el desprestigio de los Congresos, enfatizando su poca credibilidad y su imagen negativa en la población. Si los congresistas no son, en general, personajes populares para la población, se sebe en parte a la acción de la prensa que con frecuencia pone al descubierto los aspectos negativos de los parlamentos y que en general tiende a informar de manera un tanto sensacionalista sobre lo que ocurre en sus edificios. La mala imagen que tienen los Congresos predispone al elector a esperar de la prensa una crítica al trabajo legislativo. Esta situación se ve agudizada por la mala relación que tiene la sociedad con la clase política que impone a los medios de comunicación una presión extra para enfocar la cobertura periodística del poder legislativo sobre las malas noticias y no sobre las buenas. Cuando el Congreso comunica el debate y tratamiento de leyes de un país, la noticia duerme a los televidentes. En cambio, el interés se despierta por otro tipo de situaciones como tomas sangrientas de los diputados peleandose a trompadas o el pintoresco affaire de un diputado con su secretaria.

Todas estas dificultades, encierran al Poder Legislativo en un círculo vicioso del que es muy difícil salir. Como concluye Duran Barba, “mientras los Congresos tengan tan mala imagen, habrá mayor disposición de los medios y de sus usuarios a ver y oír malas noticias. Mientras más malas noticias se difundan, más difícil será recuperar la buena imagen del Congreso”.

El desafío, es que en tiempos de anti política el Congreso construya una estrategia de comunicación que transmita a la opinión publica sus atributos como corazón de la democracia y equilibre, aunque sea en parte, el hándicap que tiene el ejecutivo en materia de cobertura de parte de los medios, influidos por su tendencia natural a cubrir personalidades. La comunicación política tiene mucho que aportar en ese enorme desafío.